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Literatura brasileña en el siglo XIX
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Literatura |
El nacionalismo romántico se expresó en el indianismo. El indio se convirtió en símbolo nacional. Gonçalves de Magalhães, vizconde de Araguaia, escribió la Confederación de los tamoios (1856); Gonçalves Dias (1823-1864) narra, en su poema I-Iuca Pirama, la historia de un indio sacrificado por una tribu enemiga. Los Primeros cantos, de 1846, fueron la referencia para la poesía nacional del periodo. En el campo de la novela, José de Alencar hizo la valorización del indio en El guaraní (1857) y en Iracema (1865), obras cuya popularidad llega hasta hoy. El indianismo ya no transfigura a la tierra, sino al “hombre natural”, antes sólo objeto de descripción o de sátira. Dando al brasileño la ilusión de tener gloriosos antepasados, enmascara el origen africano, considerado menos digno. |
En el romanticismo surge también la restauración del mito de la infancia y del retorno a la inocencia, que en Álvares de Azevedo (1831-1851) encuentra expresión en los poemas Ideas íntimas y en el drama en prosa Macário. Junqueira Freire y Casimiro de Abreu exploraron los estados en los que la duda puede llegar a ser patológica. Castro Alves (1847-1871) desarrolló la poesía social de tendencia humanitaria, que tuvo peso en las campañas por la abolición de la esclavitud negra; de ella son ejemplos Espumas fluctuantes (1867). La campaña abolicionista inspiró también La esclava Isaura (1875), de Bernardo Guimarães. Joaquim Nabuco (1849-1910) escribió un importante ensayo político titulado El abolicionismo (1883). Fagundes Varela (1841-1875) fue considerado el último poeta romántico. |
Escribió un poema sobre la catequesis: Anchieta o O Evangelho das selvas (1875), además de versos decasílabos rimados en Cantos e Fantasias (1865). En ellos opone el campo a la ciudad, demuestra su solidaridad con los esclavos y extiende su patriotismo al continente americano. A mediados del siglo XIX surgió la novela y la comedia de Martins Pena (1815-1848), considerado el mayor comediógrafo brasileño. Ya a mediados del siglo, la novela comienza a describir lugares y modos de vida brasileños. Joaquim Manoel de Macedo (1820-1882), en La morenilla (1844), narra amores convencionales de la clase media. Con sus veinte novelas, piezas de teatro y poemas surge, por primera vez en Brasil, la figura profesional del escritor. Manuel António de Almeida (1831-1861) escribió en 1854 Memorias de un sargento de milicias (traducida al español por Francisco Ayala), ejemplo de sencillez realista en la descripción de la vida de la pequeña burguesía. Encarta |
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Castro Alves (1847-1871). |