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Historia de Escocia : la influencia inglesa en Escocia
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El acceso al trono en 1057 de Malcolm Canmore como Malcolm III MacDuncan fue el comienzo de una nueva era en Escocia. En 1067 se casó con Margarita (una princesa inglesa canonizada más tarde como santa Margarita) que se había exiliado a Escocia debido a la invasión normanda de 1066. Por influencia de esta reina, católica devota, muchas de las prácticas de la Iglesia celta se armonizaron con el ritual romano.

La influencia de Inglaterra en Escocia adquirió un nuevo impulso durante el reinado de Edgar y, posteriormente, de sus hermanos Alejandro I el Feroz y David I, quienes establecieron en Escocia el sistema monárquico feudal anglonormando e introdujeron el idioma francés, en su forma dialectal normanda, como sustituto del gaélico en los círculos cortesanos. El tradicional sistema de posesión de tierras por clanes se abolió durante el reinado de David I; tras reclamar la propiedad sobre todas ellas, hizo enormes concesiones, en especial en el centro y sur de Escocia, a nobles anglonormandos y escoceses, que a partir de ese momento se convirtieron en leales vasallos de la corona.

El nieto de David, Guillermo el León, coronado rey de Escocia en 1165, intentó recobrar Northumbria y, en 1173 y 1174, prestó ayuda militar a una rebelión contra Enrique II de Inglaterra. En 1174 Guillermo fue apresado y obligado a jurar fidelidad a la Corona inglesa. Alejandro II, hijo y sucesor de Guillermo, renunció en 1237 a las pretensiones escocesas sobre Northumbria y otros territorios del norte de Inglaterra, con lo que comenzó un periodo de relaciones amistosas entre ambos países. En 1266, tras una guerra con Noruega, Alejandro III recobró las Hébridas.

Alejandro III murió en 1286 y dejó el trono a su único descendiente vivo, su nieta Margarita, que aún era una niña. Su muerte prematura produjo una crisis política; Eduardo I de Inglaterra aprovechó la situación para proclamar la soberanía inglesa sobre Escocia e intervino a favor de Juan de Baliol, el nieto de David I.

La guerra por la independencia

En 1295 Baliol, ante la demanda popular de acabar con el control inglés, formó una alianza con Francia para conseguir la independencia. La primera fase de la guerra terminó cuando Eduardo venció en Dunbar (1296) y decretó la anexión de Escocia a Inglaterra tras deponer a Baliol.

La lucha escocesa contra Inglaterra se reanudó en 1297, bajo el mando del patriota escocés William Wallace. Con soldados reclutados en toda la nación, Wallace derrotó a las tropas inglesas en Stirling en el mes de septiembre, y restauró la monarquía escocesa. Al año siguiente, Eduardo volvió a Escocia y en julio consiguió una victoria decisiva en Falkirk. En 1305 Wallace fue entregado a los ingleses y ejecutado.

Emblema de Escocia
Emblema de Escocia. Imagen E. Buchot

Tras la muerte de Wallace, Robert Bruce, un descendiente de David I, asumió el liderazgo del movimiento de resistencia. En marzo de 1306 fue coronado como Roberto I, rey de Escocia, y comenzó una campaña de guerrilla sistemática contra los destacamentos ingleses y la nobleza escocesa que los apoyaba. Finalmente, Eduardo II dirigió una expedición de castigo en la primavera de 1314; en la batalla de Bannockburn los ejércitos escoceses infligieron a esta fuerza de invasión una de las más desastrosas derrotas de los anales militares ingleses. En 1326 el pueblo llano de Escocia se aseguró por primera vez la representación en el Parlamento escocés. La guerra contra Inglaterra finalizó con la victoria en 1328, cuando los regentes del joven Eduardo III de Inglaterra aprobaron el Tratado de Northampton, que reconocía a Escocia como reino independiente, una independencia que mantuvo durante casi 400 años.

"Escocia" Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2008
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