Historia de Alemania : Enrique VI y Federico II
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Más ambicioso incluso que su padre, Enrique VI quiso ampliar sus dominios. Para asegurar la paz en Alemania, reprimió una rebelión al retornar del exilio Enrique el León, invadió las ciudades italianas del norte para someterlas y conquistó Sicilia. Al intentar crear un imperio en el Mediterráneo, exigió tributo a los musulmanes del norte de África y al débil emperador bizantino, pero en 1197, Enrique murió de forma repentina mientras planeaba una cruzada a Tierra Santa. El Imperio se desmembró rápidamente. El hijo menor de edad de Enrique, Federico II, heredó Sicilia, pero Italia Septentrional reafirmó su independencia. Los alemanes rehusaron aceptar un niño como emperador o aceptar la herencia de la corona en el linaje de los Hohenstaufen. Una vez más la guerra civil hizo estragos cuando los dos reyes electos —el Hohenstaufen Felipe de Suabia y el güelfo Otón de Brunswick, hijo de Enrique el León— lucharon por la Corona. Cuando Otón invadió Italia, el papa Inocencio III aseguro la elección de Federico II sobre la promesa de que éste abandonaría Sicilia para no rodear los Estados Pontificios. |
Competente en muchos campos, el nuevo rey fue conocido como Stupor mundi (asombro del mundo). Determinó conservar Sicilia como su base de operaciones, lo que suponía no respetar su promesa, prefiriendo conceder Alemania antes que Sicilia a su hijo Enrique. En Sicilia suprimió los barones, reformó las leyes, fundó la Universidad de Nápoles y mantuvo una corte deslumbrante, donde brilló como científico, artista y poeta. También fue un excelente militar, diplomático y administrador. Para conseguir el apoyo alemán en sus campañas en Italia septentrional, Federico permitió a los príncipes usurpar los poderes reales. La confirmación de sus derechos por el Privilegio de Worms (1231) les hizo prácticamente ser dueños absolutos en sus propios territorios. Su hijo Enrique, cuando alcanzó la mayoría de edad, se opuso a esta política y se rebeló, pero su padre lo destronó y lo encarceló. |
Los papas consideraron peligroso a un emperador tan agresivo como Federico. El papa Gregorio IX lo excomulgó por su retraso en encabezar una cruzada prometida. Federico, finalmente, fue a Jerusalén en 1228, donde fue coronado rey y conquistó los principales lugares cristianos de Tierra Santa. Sin embargo, su éxito no apaciguó a Gregorio IX que, en su ausencia, invadió Sicilia. Federico derrotó la Liga Lombarda en Cortenuova y firmó la paz. Pero hacia 1237, luchó contra la segunda Liga Lombarda en Italia septentrional. La Liga se alió con el papa, quien lo excomulgó de nuevo. Federico entonces tomó los Estados Pontificios; el nuevo papa, Inocencio IV, huyó a Lyon y lo declaró depuesto. Federico avanzaba contra la Liga cuando falleció de forma repentina. Conrado IV Hohenstaufen, el hijo más joven de Federico, heredó Sicilia y el título imperial, pero Italia y Alemania nunca se volvieron a unir. Los papas, aliados con los franceses, expulsaron a los Hohenstaufen de Sicilia. Alemania sufrió la confusión del Gran Interregnum (1254-1273), durante el cual los innumerables estados en que quedó dividida Alemania protagonizaron una resistencia política caracterizada por la anarquía general. |
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Enrique VI |
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