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Naturalismo en la literatura francesa del siglo 19
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Al final del siglo XIX algunas de las tendencias realistas, que tuvieron en la obra de Flaubert su máximo ejemplo, llevaron a la corriente llamada naturalismo, que hacía especial hincapié en el entorno y la herencia como principales determinantes de la acción humana. Dirigió esta corriente el historiador y crítico Hippolyte Taine, cuya obra más famosa es Historia de la literatura inglesa (1863-1864). Taine creía que actitudes humanas, como la virtud y el vicio son productos como el azúcar y los ácidos, y que la cultura humana es el resultado de influencias formativas como la raza y el clima. Los hermanos y colaboradores literarios Edmond y Jules de Goncourt fueron teóricos y defensores de la novela naturalista. Destacaron con Germinie Lacerteux (1864). Tras la muerte de su hermano, Edmond de Goncourt fundó y legó testamentariamente sus bienes a la sociedad Goncourt que tenía como fin alentar la literatura naturalista.

 

Influyó en la obra de Alphonse Daudet, un novelista realista —más conocido por sus descripciones de Provenza en Cartas desde mi molino (1869)— cuya obra está plagada de humor.

El naturalismo fue adoptado como principio fundamental y técnica literaria por Émile Zola, el escritor más significativo de este movimiento. Usaba el término en particular, para describir el contenido y propósito de sus novelas, que se caracterizaban por el determinismo histórico formulado por Taine. La técnica literaria de Zola se ve claramente en La taberna (1877), Nana (1880), y Germinal (1885). Fue tan extrema la influencia de su técnica que en 1887 Edmond de Goncourt y Daudet, junto con cinco discípulos del mismo Zola, formaron un grupo de oposición responsable por medio de un manifiesto contra la novela de Zola La Tierra (1888). También se opuso a Zola el escritor Paul Bourget, famoso por su novela El discípulo (1889) que daba más importancia a la motivación psicológica que a la ambiental, un aspecto del naturalismo ignorado por Zola. En el campo del relato breve, el escritor naturalista más importante fue Guy de Maupassant, cuyas obras incluyen las colecciones Mademoiselle Fifí (1882) y Cuentos de día y de noche (1885), así como varias novelas; como escritor de relatos breves, Maupassant, cuyo maestro literario fue Flaubert, no tiene igual.

Contrario al materialismo de Taine y también al individualismo romántico de Michelet está la obra del crítico e historiador Ernest Renan. Su obra principal es Historia de los orígenes del cristianismo (7 volúmenes, 1863-1881). Renan ejerció influencia en los novelistas Pierre Loti, Maurice Barrès y Anatole France.

Anatole France tenía una visión social parecida, en cierto modo, a la de Zola, pero él utilizó la ironía en su expresión. Sus libros son un comentario de la irracionalidad de las fuerzas sociales. Están llenos de compasión hacia el débil, y de ira contra los abusos de poder. Sus obras más características son, quizás, la novela corta realista, El caso Crainqueville (1901), y sus fantasías satíricas La isla de los pingüinos (1908) y La rebelión de los ángeles (1914).

Otro gran escritor del siglo XIX fue el naturalista Jean Henri Fabre. Sus estudios sobre la vida de los insectos, muy fáciles de leer, se han convertido en modelo para popularizar textos científicos, tanto en Francia como en el extranjero.

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Jean Henri Fabre
Jean Henri Fabre