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Literatura italiana en el siglo XVIII
Literatura

Hacia el final de siglo XVII, comenzó a perfilarse un movimiento cultural que rechazaba la estética excesiva y afectada del barroco. Los principales exponentes de este movimiento reformador pertenecieron a la sociedad Arcadia, fundada en Roma en 1690. En conformidad con la simplicidad asociada desde siempre a la palabra arcádico (habitante de la primitiva Arcadia, considerada como el país de la felicidad), los escritores de este grupo se inspiraron en las fuentes clásicas, especialmente en los poetas griegos que cultivaron el género pastoril. La más destacada de las figuras arcádicas fue el poeta y dramaturgo Pietro Metastasio, que se convirtió en el poeta oficial de la corte de Viena, capital de los emperadores de Austria. Fue sucesor de Apostolo Zeno, autor de dramas teatrales y libretos de ópera, a la vez que pionero en la crítica literaria, por ser cofundador de la publicación Giornale dei letterati d’Italia, la primera que se especializó en tal actividad.

Las obras teatrales de Metastasio, entre las que se pueden citar Los jardines de las Hespérides y Semíramis reconocida, se caracterizan por la melódica fluidez de sus argumentos, que las hicieron apropiadas para ser adaptadas como libretos de óperas.

La influencia del grupo Arcadia se puede rastrear claramente en las comedias de Carlo Goldoni, uno de los mejores autores teatrales de Italia, entre las cuales se cuentan La posadera (1753), El abanico (1764) y Las riñas en Chioggia (1762). El genio de Goldoni se hizo manifiesto, sobre todo, en su habilidad para simplificar las situaciones dramáticas sin restarles interés, y en su maestría y realismo en describir el medio social del que provenían sus personajes a través de las cualidades que a éstos les atribuía.

Según la mayoría de los críticos literarios, Goldoni desarrolló su estilo de escritura como reacción a la llamada Commedia dell'arte, que floreció entre los siglos XVI y XVIII. La comedia del arte se basaba en situaciones cómicas rutinarias e irreales, cuyas líneas principales eran creadas por los propios actores de las compañías de teatro ambulantes. Los personajes eran siempre los mismos, tipos fijos denominados “máscaras”, como Pantaleón, Arlequín y Colombina. En cada representación, los actores improvisaban los diálogos a partir de una línea de acción que habían trazado anteriormente. Quien mejor supo utilizar este estilo fue Carlo Gozzi, opuesto al tipo de teatro más realista creado por Goldoni. Gozzi adaptó para la escena una larga serie de cuentos populares, de corte fantasioso y alegórico.

Carlo Gozzi
Carlo Gozzi.
Dos de sus obras sirvieron como base para sendas óperas: El amor de las tres naranjas, del compositor ruso del siglo XX Serguéi Prokófiev, y Turandot, del compositor italiano del XIX Giacomo Puccini. Bajo los aspectos científico y ético, la literatura italiana recibió, durante el siglo XVIII, la influencia de las ideas del científico y filósofo francés del siglo XVII René Descartes, así como la de los escritores de la ilustración francesa del XVIII. El órgano principal de la vida intelectual italiana fue el periódico milanés Il caffè (1764-1766). Entre las figuras más importantes de este periodo ilustrado, la principal fue, sin duda, la del jurista Cesare Beccaria, el cual, en su obra Los delitos y las penas (1764) abogó por un trato humano hacia los presos y por la abolición de la pena de muerte. Encarta