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Literatura italiana en el siglo XVI
Literatura

El renacimiento llegó a su plena consolidación en el siglo XVI. La lengua italiana, que había sido desechada durante siglos por los humanistas, preocupados más bien por los textos griegos y latinos clásicos, alcanzó una dignidad, hasta entonces negada, como lengua literaria. Pietro Bembo, autor que ejerció gran influencia en la literatura de la primera mitad del siglo, contribuyó decisivamente a colocar al italiano en esa situación. En sus tratados, especialmente en Prosas sobre la lengua vulgar, obra considerada como la primera gramática de la lengua italiana, ensalzó los escritos de Boccaccio y de Petrarca como modelos, respectivamente, de la prosa y la poesía italianas. Con sus Rimas, que imitan el estilo de Petrarca, marcó el comienzo del movimiento denominado “petrarquismo”. Pero Bembo no fue el único autor destacado del siglo. Junto a él se sitúan otros dos hombres de letras importantes: el filósofo de la política Nicolás Maquiavelo y el poeta Ludovico Ariosto.

El primero, a partir de sus experiencias como funcionario y diplomático al servicio de Florencia, desarrolló una concepción realista del poder que, a partir de entonces ha sido denominada “maquiavélica”. Su elaboradísimo El príncipe (1513), un análisis de las bases sobre las que se sustenta el ejercicio del poder político, formaba parte de un trabajo más amplio y ambicioso, su comentario a la Historia de Roma del historiador latino clásico Tito Livio. La “ley suprema”, según El príncipe, es “la preservación del Estado” por encima de cualquier otra obligación. El príncipe de Maquiavelo se anticipó a los llamados “déspotas ilustrados”, gobernantes bondadosos con el pueblo, pero que, sin embargo, mantenían un poder absoluto en sus dominios, a los que convirtieron en estados modernos. Las ideas del filósofo florentino partían de conceptos teocráticos medievales para adentrarse en consideraciones que presagiaban la moderna economía política.

Algunos historiadores consideran la posibilidad de que, si sus ideas políticas se hubiesen llevado a la práctica en ese mismo siglo, quizá se habría podido crear una Italia unida bajo el mando de un solo gobernante, y, por lo tanto, se habría evitado que permaneciera dividida y dominada por españoles y franceses y más tarde austriacos. Además de este tratado, Maquiavelo escribió otro sobre el arte de la guerra, una historia de Florencia, una biografía (1520) del político y militar italiano Castruccio Castracane, numerosos poemas y varias obras de teatro, la más famosa de las cuales, La mandrágora (1524), es un amargo y pesimista análisis de los instintos humanos, realizado con los mismos métodos de investigación que ya aplicara a El príncipe. Amigo de Maquiavelo, el historiador y político florentino Francesco Guicciardini escribió La historia de Italia, una obra sorprendente por su objetividad y su inteligente revisión de los asuntos y personajes que en ella aparecen y que se publicó póstumamente, entre 1561 y 1564. También escribió Ricordi politici (1576-1585), basándose en su vasta experiencia como alto cargo político de la ciudad de Florencia. Encarta

Maquiavelo
Maquiavelo.