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Literatura española : Romanticismo
Literatura

Pese a que el siglo de oro español había servido de inspiración y modelo a escritores románticos de otros países, España no alumbró autores románticos significativos hasta la década de 1830. Aunque en la fase inicial del romanticismo se encuentra la obra del escritor y político Francisco Martínez de la Rosa, fue Ángel Saavedra, duque de Rivas, el que introdujo con éxito este movimiento en el teatro español, con su obra Don Álvaro o la fuerza del sino (1835). Discípulo del duque de Rivas fue el poeta y dramaturgo José Zorrilla, quien comparte con aquel el mérito de haber recuperado los temas legendarios e históricos en brillantes poemas narrativos. Otro nombre a destacar es el del dramaturgo Juan Eugenio Hartzenbusch. El espíritu romántico de rebeldía está representado por José de Espronceda, considerado por algunos críticos como el mejor poeta español de este periodo. Para muchos, sin embargo, la obra de Espronceda se ve superada por la de Gustavo Adolfo Bécquer, quien, además de su obra en prosa dedicada a resucitar el gusto por lo sobrenatural y el misterio de épocas remotas titulada Leyendas, asentó su fama sobre su obra poética, Rimas, que fue componiendo a lo largo de su vida.

Las Rimas son composiciones breves y generalmente con rima asonante que tratan diversos temas, desde el motivo de la poesía y sus fundamentos, hasta el amor y la soledad.

Otra representante de este periodo de renovación es Rosalía de Castro, que escribe tanto en castellano como en su lengua materna, el gallego, y en una etapa que podría considerarse posromántica, se sitúa el poeta Ramón de Campoamor.

La prosa romántica de más calidad se encuentra en los escritos de los costumbristas, autores que describieron al pueblo y sus costumbres desde una nueva perspectiva y que a menudo desarrollan su labor desde las páginas de los periódicos.

Uno de los autores más destacados del costumbrismo es Mariano José de Larra, cuyos artículos satíricos describen una sociedad a la que critica sin pudor, con una prosa directa y moderna. Su novela El doncel de Don Enrique el Doliente sigue la moda de la novela histórica impuesta por Walter Scott y continuada en España principalmente por Enrique Gil y Carrasco, autor de El señor de Bembibre. Otro representante destacado de la corriente costumbrista es Ramón de Mesonero Romanos, cuya obra se desarrolla en la ciudad de Madrid. La narrativa, por el hecho de aparecer también en los periódicos, experimenta un crecimiento de lectores, especialmente la novela de folletín que aparece por entregas o capítulos a lo largo de varios días o semanas en la prensa. Encarta

Juan Eugenio Hartzenbusch
Juan Eugenio Hartzenbusch.