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Historia de belgica : Hegemonía de los Habsburgo
Fotografias Bélgica

El nombre de Bélgica procede de los belgas, una antigua tribu celta. La región romana de la Gallia Belgica (Galia belga) abarcaba la actual Bélgica, el norte de Francia, Holanda y parte de Suiza. Tras la caída de Roma, Europa occidental fue dominada por el reino de los francos. Creado en la Galia belga, se expandió hacia Alemania y con el tiempo se extendió desde los Pirineos al oeste, hasta la propia Roma en el sur, después de atravesar los Alpes. Los francos, regidos por Carlomagno, unieron todo el occidente de Europa mediante conquistas durante su reinado (768-814). Cuando el reino franco se dividió en el 843, Bélgica se incorporó a la Lotaringia, que formaba parte de la Francia Orientalis (el reino franco del este o Alemania). En el extremo occidental de este reino se erigió el condado de Flandes, que fue feudo de los reyes de Francia. En 1384, Flandes se unió con Borgoña cuyos duques, a mediados del siglo XV, gobernaron gran parte de Bélgica y Holanda. Mientras, debido a la obediencia a la Corona francesa, el propósito de Borgoña fue fundar un Estado poderoso entre Francia y Alemania. Este esfuerzo se vio interrumpido por la muerte en 1477 del último gobernante de Borgoña, Carlos el Temerario.

Por el matrimonio en 1477 de María de Borgoña, hija de Carlos el Temerario, con el príncipe alemán Maximiliano (después Maximiliano I, emperador alemán), todos los ricos dominios de Borgoña, excepto el ducado mismo, pasaron al control de la familia Habsburgo. El hijo mayor de Maximiliano, Carlos, heredó los Países Bajos (donde se ubicaba la actual Bélgica) en 1506. Carlos I ascendió al trono de España en 1516 y después fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Carlos V. En 1549 decretó que los Países Bajos se unieran formalmente a sus dominios españoles. Cuando Felipe II de España, el sucesor de Carlos, intentó suprimir el protestantismo y establecer un mayor control comercial, provocó una rebelión en los Países Bajos que empezó en 1566. Este levantamiento fue en parte de carácter religioso y económico, y en parte un intento por preservar las tradiciones de gobierno autónomo.

Los ejércitos españoles fueron derrotados en un principio, pero la contienda continuó entre los católicos del sur y los protestantes del norte. En 1581 las siete provincias del norte (Güeldres, Frisia, Holanda, Groninga, Overijssel, Utrecht y Zelanda) declararon su independencia con el nombre de Provincias Unidas de los Países Bajos, mientras las provincias del sur (Bélgica) permanecieron leales a España.
Guerra de Sucesión española
Guerra de Sucesión española
Guerra de Sucesión española. Encarta

Felipe II intentó la reconquista del norte sin éxito. En 1609, incapaces ambos contendientes de una victoria decisiva, Felipe III firmó una tregua de 12 años con los rebeldes. Al punto de concluir, se declaró la guerra de los Treinta Años (1618-1648) y los Países Bajos españoles fueron de nuevo campo de batalla. En 1635 las fuerzas de Holanda y Francia se unieron para dividir los Países Bajos españoles, pero todavía no pudieron desalojar los tercios del rey español Felipe IV. Una sucesiva serie de victorias franco-holandesas forzaron finalmente al monarca español a aceptar una paz separada con Holanda en 1648. El sur (los actuales Bélgica y Luxemburgo) se mantuvo bajo el dominio español. Por el Tratado de Münster, Holanda ganó algunos territorios en la frontera sur, concretamente Maastricht (Mastrique), y España acordó cerrar la navegación del río Escalda, que discurre por territorio de Holanda, lo que dejó a Amberes sin acceso al mar. La gran ciudad portuaria, un centro del comercio, entró con ello en un periodo de declive.

Francia, con una coalición de potencias europeas, continuó la guerra contra España. A lo largo de su reinado, el rey de Francia, Luis XIV, no quiso abandonar sus demandas sobre los Países Bajos holandeses. Por el Tratado de los Pirineos en 1659, Francia incorporó varias áreas fronterizas y posteriormente ocupó varias ciudades. Los Países Bajos españoles se convirtieron en pieza importante del siguiente gran conflicto europeo, la guerra de Sucesión Española. La Paz de Utrecht (1713-1715) dio a Francia parte de Flandes, incluyendo Dunkerque y Lille. La mayor parte del territorio, sin embargo, se convirtió en los Países Bajos austriacos, con la estipulación de que sus fortalezas en la frontera francesa serían guarnecidas por holandeses.

Durante la guerra de Sucesión Austriaca en 1744, el país fue ocupado por los franceses, pero volvió a Austria por el Tratado de Aquisgrán en 1748. Exceptuando esta invasión, el periodo de dominio austriaco en Bélgica fue en principio pacífico. Esta tranquilidad se interrumpió en 1781, cuando el emperador austriaco José II decidió arrasar las fortalezas fronterizas y reabrir el estuario del Escalda. Los holandeses montaron un bloqueo efectivo y cerraron el río al comercio. Entonces, en 1787, como parte del esfuerzo para centralizar la administración de los dominios más lejanos de los Habsburgo, José abolió la autonomía provincial en los Países Bajos austriacos. La pérdida del control local llevó a un levantamiento general que coincidió con el estallido de la Revolución Francesa. La mayoría de las fortalezas austriacas se vieron forzadas a capitular y el 11 de enero de 1790 se proclamó la República de Bélgica. Las disputas entre las facciones sociales y religiosas sacudieron al nuevo Estado hasta sus raíces. En el mismo año de la muerte de José (1790), su sucesor Leopoldo II restableció el control. Gobernador conciliador e ilustrado, revocó los decretos de su predecesor, pero el nuevo régimen obtuvo poco apoyo popular. Después de que Leopoldo fuera sucedido por Francisco II en 1792, Austria entró en guerra con el gobierno revolucionario de Francia. Bélgica fue ocupada dos veces por el ejército francés y el país fue cedido formalmente a Francia por el Tratado de Campo Formio en 1797. "Belgica" Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2009
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