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Europa en el siglo 16


guerras religiosas
Guerras religiosas

Alentada fundamentalmente por los monarcas españoles Carlos V y Felipe II, la lucha entre los católicos y los protestantes no se limitó al área espiritual. Durante el periodo 1550-1650, las prolongadas guerras religiosas ocasionaron la destrucción general del continente. No obstante, estas guerras religiosas se entrelazaron de modo inextricable con las contiendas políticas, que finalmente adquirieron un papel de gran importancia. En Francia, un sangriento conflicto civil entre los católicos y los hugonotes se prolongó durante 30 años hasta que Enrique IV fue reconocido como rey en 1593. Al poner el poder secular por encima de la lealtad religiosa, el protestante Enrique se convirtió al catolicismo, la religión de la mayoría de sus súbditos. En los Países Bajos, la España católica y las provincias holandesas, calvinistas, entablaron una brutal y larga guerra (1567-1609) que finalizó con la victoria de estas últimas. La religión se identificó muy de cerca con las aspiraciones nacionales; el líder holandés Guillermo de Orange-Nassau, católico y luterano antes de hacerse calvinista, reunió a su pueblo para convocar la resistencia nacional por encima de todo.

También en Inglaterra la lucha religiosa fue parte de un esfuerzo mayor para asegurar la independencia nacional. Bajo la reina Isabel I las razones de estado dictaron la política religiosa; como resultado, la autonomía administrativa protestante y el ritual católico fueron hábilmente tejidos para fabricar una solución intermedia: la Iglesia de Inglaterra (Iglesia anglicana).

Con ayuda de tormentas traicioneras (el ‘viento protestante’), la Inglaterra de Isabel rechazó a la Armada Invencible que Felipe II de España había enviado en 1588, lo que supuso una victoria tanto nacional como religiosa. Al conocer esa derrota, el rey español exclamó: “He enviado mis naves a luchar con los hombres, no contra los elementos”. España perdió su liderazgo europeo, que pasó a Francia, su enemigo tradicional.

La guerra de los Treinta Años fue la última guerra religiosa y la primera moderna. Iniciada en Bohemia, donde los Habsburgo católicos y los checos protestantes mantenían una fiera oposición, la confrontación fue alimentada por dos países luteranos, Dinamarca y Suecia. Sin embargo, casi desde el principio, su carácter fue ambiguo; aunque desde el principio las pasiones religiosas contribuyeron a su estallido, en 1635 la guerra se convirtió en una lucha política entre la dinastías Habsburgo y Borbón, ambas católicas. Ejemplo de este periodo de tensiones, a la vez que de transición, fue el cardenal Richelieu, un miembro de la Iglesia católica cuyos intereses eran seculares y que implicó a Francia en la contienda. Al final de la guerra, Francia surgió como la potencia más poderosa del continente europeo y el prototipo del Estado secular y centralizado. "Europa" © Escrito por Emmanuel BUCHOT y Encarta.

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