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Las especies de serpientes
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El cuerpo largo y delgado de las serpientes contiene numerosas vértebras —nunca menos de 100 y a veces más de 300—, cada una de ellas con un par de costillas, las dos primeras conectadas a la cabeza. El esqueleto es de estructura ligera y presenta características específicas que permiten una gran libertad de movimientos. Las piezas del cráneo gozan de gran movilidad y pueden dislocarse en varias direcciones, lo que permite a la serpiente tragar presas grandes en relación con el tamaño de la cabeza y el cuerpo. Esta movilidad puede apreciarse muy en especial en los dos huesos de la mandíbula inferior, que están sujetos al cráneo por un hueso corto y móvil, y unidos en la parte delantera por medio de un ligamento elástico. Ambas mandíbulas disponen de numerosos dientes afilados, similares a agujas, todos ellos curvados hacia atrás, en dirección al fondo de la boca.

Están dispuestos en seis hileras paralelas al eje longitudinal de la cabeza —es decir, dos hileras a cada lado de la mandíbula superior y una a cada lado de la inferior. Excepto en las especies venenosas, los dientes son macizos y se reemplazan cada cierto tiempo. Cuando la serpiente captura una presa, los dientes curvados le permiten sujetarla con firmeza. La presa muere rápidamente y es engullida por movimientos alternos de las hileras de dientes, que hacen que entre en la boca. Cuando pasa a través de ella, la presa queda cubierta de saliva; contrariamente a la creencia popular en algunos lugares, las serpientes no cubren de saliva a sus presas antes de metérselas en la boca. La mayor parte de éstas son engullidas rápida y fácilmente, pero una presa realmente grande puede requerir varias horas. Las grandes pitones pueden consumir animales que pesen hasta unos 70 kg, pero se trata de un proceso laborioso.

Las especies venenosas tienen dos dientes huecos, denominados colmillos, en cierto modo similares a una jeringuilla hipodérmica, que se sitúan en la parte delantera de la mandíbula superior. Al igual que los demás dientes, son reemplazados periódicamente y el colmillo nuevo crece antes de que el viejo se caiga. Así pues, durante un breve espacio de tiempo, la serpiente puede tener dos colmillos a cada lado de la mandíbula. En los solenoglifos, un nutrido grupo de serpientes que engloba a las serpientes de cascabel y a las víboras, el hueso que sustenta el colmillo está sujeto al cráneo de tal modo que puede plegarse hacia atrás, hacia el interior de la boca, cuando no lo están usando. Las cobras y las serpientes coral

Anatomia de una serpiente
Anatomia de una serpiente. Encarta

representan a otro gran grupo de serpientes, el de los proteroglifos, en el que los colmillos no son móviles, sino que están constantemente erectos.

Se conectan por medio del conducto del veneno a las dos glándulas venenosas, que son glándulas salivares modificadas, situadas a ambos lados de la cabeza detrás de cada ojo. La serpiente tiene que morder para inyectar el veneno; ninguna tiene aguijón en la cola. Pueden morder en cualquier momento y desde cualquier posición, incluso debajo del agua.
Normalmente atacan desde una posición defensiva, que consiste en enroscarse sobre sí mismas y proyectar la cabeza y parte del cuerpo hacia la víctima. Cuando la cabeza emerge de los anillos, lleva ya la boca abierta de par en par. Los solenoglifos clavan sus colmillos erectos en su objetivo y normalmente los retiran de inmediato. Los proteroglifos suelen morder y mantener la mordida durante varios segundos. Una interesante modificación, presente sólo en las especies arborícolas, permite a éstas escupir o proyectar un chorro de veneno hacia los ojos de su enemigo, alcanzando distancias de hasta 2,4 metros. El veneno puede producir ceguera. Este mecanismo sólo se utiliza como defensa y nunca para obtener alimento. "Serpiente" Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2009