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Historia francesa : el Consulado y el Imperio
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En 1794, cuando los ejércitos franceses se alzaron con la victoria y pasó el peligro de una invasión extranjera, se produjo una reacción contra el régimen jacobino, que fue eliminado tras un golpe de Estado en el mes de termidor (julio según el calendario revolucionario). Al año siguiente, la Convención Nacional adoptó una Constitución que estipulaba un régimen republicano, un Directorio de cinco miembros, que ejercía el poder ejecutivo, y un poder legislativo dividido en dos cámaras elegidas indirectamente, de modo que se aseguraba el predominio político de los ciudadanos que poseían propiedades.

El Directorio gobernó Francia durante cuatro años difíciles, de reajustes por la convulsión que habían causado la revolución y la guerra continua. El Directorio estuvo amenazado desde la derecha por los monárquicos, deseosos de restaurar la monarquía, y desde la izquierda, por los jacobinos, determinados a establecer una república democrática.

 

Cierto número de personas, situadas en posiciones clave, vieron la necesidad de instaurar un gobierno más fuerte, por lo que eligieron al joven general Napoleón Bonaparte para que llevara a cabo un golpe de Estado.

En noviembre de 1799, Napoleón y sus seguidores derrocaron al Directorio y un mes después establecieron el Consulado. Después de la supresión del Directorio, Napoleón se nombró rápidamente jefe de Estado. La nueva Constitución, que él mismo promulgó, establecía los poderes esenciales del cargo que él asumía, el de primer cónsul. Se presentó ante los franceses como un hombre pacífico que pondría fin a los largos años de guerra, pero una vez en el poder insistió en que la única forma de conseguir la paz era a través de la victoria sobre los enemigos de Francia, todavía aliados en la Segunda Coalición. Se puso al frente de un ejército que penetró en Italia y envió otro al sur de Alemania, y sus victorias obligaron a Austria a firmar la paz en 1801. La coalición se deshizo, y Gran Bretaña, sin aliados y con la pérdida del comercio con una Europa cada vez más dominada por Francia, acordó firmar la Paz de Amiens (1802), que acabó con las hostilidades entre ambos países.

La política interior de Napoleón

Como primer cónsul, Bonaparte intentó remediar las heridas de la revolución, para reconciliar a los antiguos enemigos y crear y consolidar las instituciones de un gobierno estable. Dio la bienvenida a su servicio a todos los que le juraron lealtad. Negoció con el papa Pío VIII el Concordato de 1801, que restablecía el apoyo del estado a la Iglesia católica, pero quedando sujeta a un estricto control gubernamental. La codificación de leyes que significó el Código de Napoleón confirmó los principales logros conseguidos por la Revolución, como la abolición de los privilegios feudales, la igualdad ante la ley, la libertad de conciencia, la elección libre del trabajo y garantías contra la detención o el arresto arbitrarios.

Para asegurarse el control administrativo de los 83 departamentos, unidades administrativas en las que la Asamblea Nacional había dividido el país, Napoleón colocó al frente de cada uno de ellos a un prefecto nombrado por el ministro del Interior. Además, fundó el Banco de Francia, creó una nueva unidad monetaria, el franco, y estableció la Universidad Imperial, una organización para dirigir el control de los profesores del Estado.

papa Pío VIII
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