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Historia de la arquitectura romana : La bóveda de arista
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Arquitectura |
La segunda gran invención romana es la bóveda de arista, formada por la intersección de dos bóvedas de cañón idénticas. Las líneas que configuran esta intersección son dos medias elipses, que unen los vértices opuestos del cuadrado de la planta. Gracias a las direcciones ortogonales de curvatura se produce un efecto estructural, basado en que cada una de las bóvedas de cañón contrarresta el empuje de la otra. Además, la bóveda de arista presenta otras ventajas, como es que se puede apoyar sobre cuatro pilares (dispuestos de tal forma que absorban los empujes de la bóveda, que les llegan a 45º), dejando cuatro caras libres para emplazar vanos o para seguir añadiendo espacios abovedados. En las grandes termas y basílicas romanas, estas últimas dedicadas a la administración de justicia, la sucesión de crujías cuadradas cubiertas por bóvedas de aristas proporcionaba enormes salas, iluminadas por claraboyas situadas en lo alto de los muros laterales, bajo las bóvedas. |
Los romanos también inventaron nuevas tipologías arquitectónicas, entre las que destacan el arco triunfal, el anfiteatro y el circo. Además, continuaron la evolución de los modelos tradicionales griegos como el estadio, el templo o el teatro. En cuanto a la vivienda, desarrollaron tres modalidades: la insula o casa de vecinos, propia de las grandes ciudades como Roma (que llegó a tener una población de 1,5 millones de habitantes), la domus o vivienda unifamiliar y la villa o casa de campo de las clases más acomodadas. La casa romana es una transformación de la griega y su característica fundamental es que se cierra totalmente al exterior para abrirse a un atrio descubierto, en torno al cual se organizan las habitaciones. Un gran número de excelentes ejemplos de casas y villas romanas se han conservado en Pompeya y Herculano, las dos grandes ciudades que quedaron sepultadas por la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era. |
El gusto romano por los grandes planes urbanísticos se pone de manifiesto en la ciudad de Roma, donde cada emperador enriquecía o construía un nuevo foro con su basílica, templo y demás elementos. El foro, cuyos ejemplos arcaicos se limitaban a una sucesión caótica de edificios y monumentos, llegó a alcanzar un orden y una complejidad únicos en el foro de Trajano, dispuesto a lo largo de un eje que incluso contenía, adosado a uno de sus laterales, el mercado de la ciudad. Uno de los complejos palaciegos más impresionantes es el de Villa Adriana en Tívoli (entre los años 118-134 a.C.), que se extiende a lo largo de un enorme territorio jalonado por estadios, teatros, termas, ninfeos, peristilos y estanques. Los órdenes griegos (dórico, jónico y corintio) fueron utilizados por los romanos, que además añadieron otros dos: |
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Arco triunfal. epartiendolavista.blogspot.com |
el toscano, de aspecto más austero que el dórico por la ausencia de estrías en sus columnas; y el compuesto, cuyos capiteles se caracterizan por mezclar las hojas de acanto con los adornos de volutas en sus extremos. Los romanos usaron los órdenes con más frivolidad que los griegos, a menudo como pura decoración para los interiores, y olvidando el sentido y la sutileza del sistema adintelado. Pero también completaron la sintaxis de los órdenes, utilizando columnas adosadas a los muros, combinándolas con arcos y pilastras, entre otros ejemplos. Una de las combinaciones más características es la del Coliseo de Roma, donde se fijaron para la posteridad las reglas de uso de columnas, pilastras, arcos y dinteles conjuntamente. Encarta |