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Asia : El final del aislamiento
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La experiencia china con los europeos durante este periodo fue muy diferente. Un próspero comercio entre Europa y China marcó las primeras etapas de las dinastías Ming y Qing. Los primeros Ming aumentaron los impuestos y enviaron grandes flotas hasta África, para así demostrar su superioridad sobre todas las naciones europeas. Pero después el país se aisló y, finalmente, los piratas asolaron la costa china mientras los burócratas confucianistas dilapidaban tiempo y dinero en vacuas discusiones en la corte.

Durante esta crisis, una tribu manchú tomó Pekín y proclamó la dinastía Qing. Su gran emperador, Kangxi (1661-1722), expandió la hegemonía de China, se reunió con misioneros eruditos y aceptó el comercio exterior, que creció, a pesar de que China trataba a los extranjeros como inferiores y los confinaba en Guangzhou y Macao (Aomen).

A pesar de las protestas chinas, el opio se convirtió en el principal artículo de comercio en Guangzhou, ciudad controlada por los británicos. A mediados del siglo XIX, los desacuerdos sobre la venta de opio provocaron enfrentamientos armados entre los chinos y los extranjeros, dirigidos por los británicos. Los chinos perdieron las llamadas guerras del Opio y fueron obligados a abrir otros puertos, ceder Hong Kong a los británicos y la provincia de Amur a Rusia, aceptar la igualdad de trato con todas las potencias occidentales y garantizar otras concesiones diplomáticas y comerciales. Aunque todavía conservaba su independencia, China había sido humillada por los ‘bárbaros europeos’. El impacto del comercio y el expansionismo occidental afectaron por primera vez a Japón al final del anárquico sogunado Ashikaga, que fue derrocado por un triunvirato militar en 1573.

Toyotomi Hideyoshi, el brillante general del grupo, completó la reunificación del Japón en 1587, con la ayuda de las armas y el consejo militar portugués. Más tarde desplegó sus fuerzas en Corea, pero fue rechazado por una coalición de fuerzas chinas Ming y coreanas. Bajo el clan Tokugawa, que accedió al sogunado, los japoneses afrontaron el pleno impacto de las influencias extranjeras, que contemplaban con miedo y desconfianza.

Los portugueses y los españoles fueron los primeros en llegar al archipiélago acompañados de misioneros que difundieron el cristianismo por las islas. El temor a que éstos fueran los precursores de una invasión europea, motivó que los sogunes prohibieran el cristianismo; al ignorar la prohibición se les expulsó del Japón. El comercio occidental se interrumpió excepto para los holandeses, que evitaron las actividades misioneras y ayudaron a reprimir una rebelión cristiana. Durante dos pacíficos siglos, los holandeses fueron el único nexo de unión de Japón con Occidente. Las potencias occidentales intentaron inútilmente acabar con el aislamiento japonés en 1854, año en que una misión estadounidense dirigida por Matthew Calbraith Perry propició un tratado que inició las relaciones consulares entre ambos países. En 1858 el primer cónsul, Townsend Harris, firmó un tratado comercial. La consiguiente Restauración Meiji (1868) inició una rápida y revolucionaria modernización.

Toyotomi Hideyoshi
Toyotomi Hideyoshi
La dinastía Li de Corea también interrumpió el comercio con Occidente y persiguió a los cristianos. Como reino tributario de China, Corea esperaba protección. Sin embargo, cuando en el siglo XIX los europeos lograron la apertura de China, Corea se aisló todavía más. "Asia"